28 jun. 2005

Philippa Drew, experta en catastrofes del gobierno británico

“También debería haber justicia en lo ambiental” Su título es tan largo como complejo, “directora de asuntos globales a cargo de derechos humanos, democracia y gobierno, desarrollo sustentable, energía y cambio climático”. En concreto, se encarga de proyectos para tratar de prevenir las catástrofes –inundaciones, desertificación– que ve inminentes y afectarán a los más pobres. Lo que considera una crisis todavía negada para los derechos humanos.

Por Andrew Graham-Yooll
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Para pensar los desastres

–¿Cómo se enfrenta el gobierno británico a la emergencia climática que sin duda se viene?
–En algunos casos el gobierno del Reino Unido ha decidido que no puede continuar protegiendo la costa marítima. El mar ya sube demasiado. En algunos lugares las defensas han sido reforzadas y la costa puede ser protegida. Pero en otros lugares se ha dejado que el mar entre. Estas son grandes decisiones de política nacional que ya tienen que ser tomadas frente al cambio ambiental. El gobierno ha hecho un estudio ambiental que abarca todo el país examinando el peligro de inundación. Cada dueño de casa puede entrar en el sitio oficial de la Agencia del Medio Ambiente para saber si su propiedad está amenazada o no. Estas son decisiones macro-micro. Son macro en el contexto del estudio a nivel nacional, que obliga a tomar grandes y costosas decisiones. Pero es micro en el sentido en que un gobierno me está diciendo a mí que quizá no pueda proteger mi casa. Sin embargo, creo que es imposible responsabilizar a un gobierno de la protección de los hogares de todos sus ciudadanos contra la erosión del mar. Bueno, creo que la erosión antedata los problemas del cambio climático, si bien ahora hay nuevas urgencias.
–¿Es tan grande la urgencia?
–Hay que actuar ahora, antes de que sea tarde. Le doy un pequeño ejemplo. En Londres tenemos una barrera contra las inundaciones del río Támesis, instalada casi donde desemboca el río en el mar. La función de la barrera, que se planificó en los años cincuenta, era limitar el efecto de una marea alta que chocara con alguna crecida en los ríos tributarios del Támesis, ya sea por lluvia o viento o lo que sea. Cuando se construyó allá por los años sesenta se suponía que la barrera sería levantada aproximadamente una vez cada seis meses, cuando había mareas demasiado altas. Bien, ahora, entre Navidad y Año Nuevo, la barrera entró en funcionamiento diez veces. Su uso ha crecido increíblemente, porque el nivel del mar alrededor del Reino Unido ha subido. Esto afecta a mucha gente. Yo vivo en el valle del Támesis.
–En materia ambiental y el tema de cambio climático, ¿qué hace usted en la Argentina?
–Uno de los puntos de mayor interés para nosotros en la Argentina ha sido poder conversar con el embajador Raúl Estrada Oyuela, funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores que presidió la conferencia del COP-10 a fines del año pasado en la Rural de Buenos Aires y es quizás el mayor experto mundial en el conocimiento de los mecanismos y acuerdos sobre cambio climático en Naciones Unidas. Estrada Oyuela participó de las deliberaciones en torno del Protocolo de Kioto antes de la reunión de Buenos Aires. Por lo tanto es muy conocedor del proceso de negociación, y para nosotros es muy interesante conversar con él acerca de lo que se viene. Como sabrá usted, el compromiso actual del Protocolo de Kioto vence en 2012, por lo tanto tenemos que considerar lo que va a suceder después. Por ahora, el Protocolo de Kioto afecta solamente a los países desarrollados que han firmado. Eso fue solamente un primer y pequeño paso. Si realmente vamos a encarar el tema de cambio climático y reducir o evitar sus peores efectos, tiene que haber más acción ahora. Por lo tanto mi interés era conocer la opinión del embajador Estrada en torno de desarrollo futuro. Las negociaciones en torno de los efectos del cambio climático son muy técnicas y complicadas. El primer ministro Tony Blair dijo que el cambio climático es uno de los dos temas más importantes en su tercer gobierno para la presidencia británica del G-8, y la presidencia de la Unión Europea, que comienza en julio. El otro tema es Africa. Por lo tanto es útil conversar con otros países sobre cómo se ven las conversaciones en el G-8 (el G-7 más Rusia), porque no todos están de acuerdo.
–En esas dos áreas de interés, ¿cuáles son los aspectos más importantes?
–En el tema de cambio climático es importante para nosotros llegar a algún tipo de acuerdo sobre el aspecto científico. Nos estamos acercando: el gobierno británico organizó una conferencia en el Centro Hadley de Cambio Climático a comienzos de este año. Todavía hay algunos científicos que persisten en la negación de un creciente cambio climático, pero la mayoría de la comunidad científica reconoce que hay un cambio y que viene en serio. Ese es el primer paso: terminar con la negación. También reunimos a representantes de unos veinte países que son grandes consumidores de energía. Fue una mesa redonda en Londres, no una sesión de negociación, para discutir el uso de energía y eficiencia, hablar de tecnologías limpias y alternativas, y debatir cómo mitigar el efecto del cambio, pero no se obligó a nadie a hablar de objetivos. La preocupación que los países en desarrollo expresan en torno del tema es que no quieren limitar crecimiento decidiendo la reducción de emisión de anhídrido carbónico. Por lo tanto hay que permitir que los países en desarrollo crezcan. ¿Por qué no? Nosotros crecimos en el siglo diecinueve cuando la gente no se preocupaba por los niveles de anhídrido carbónico. Hay que apuntar a lograr crecimiento y buscar la reducción de los gases de calentamiento. Por eso se habla de fuentes de combustible renovable, tecnologías limpias, que obligan a estudiar si una usina que quema carbón puede controlar el volumen de emisiones nocivas. Eso también tiene su aspecto económico-financiero. También hemos reunido a los ministros de Medio Ambiente y Desarrollo del G-8 para tratar el tema de cambio climático en Africa. Hemos preparado un estudio que muestra que el cambio climático entorpece el desarrollo. Es otro factor a considerar cuando se elaboran estrategias para la reducción de la pobreza, no sólo en Africa. El primer ministro Blair acaba de formar una comisión de expertos para estudiar las prioridades.
–Vamos, esa preocupación por Africa es un resabio colonial de culpabilidad tardía. No se puede pensar solamente en Africa.
–Cierto, muy cierto. Tomemos como ejemplo a Bangladesh, donde una pequeña crecida del mar pondría a diez por ciento del país bajo agua. Hay pequeños estados isleños donde el nivel del mar ya ocurre. En Tuvalú (en el Pacífico), creo, hay sectores de la población que ya han tenido que mudarse a tierras más altas. Por lo tanto todo estudio requiere de un proceso de integración. Les estamos pidiendo a nuestros expertos que reúnan toda la información posible sobre los efectos del cambio. En el tema de modelos de cambio climático hay que ingresar gran cantidad de información para producir una variedad de informes que muestren los diferentes impactos de las emisiones nocivas. Varía de país en país. Tenemos otra conferencia próximamente que reúne a institutos de investigación que han estudiado los efectos y la tecnología del cambio climático, y tenemos la cumbre del G-8 en Gleneagles (Reino Unido) en julio, cuanto todo esto se discutirá. Esa reunión se ampliará para incluir a China, India, Sudáfrica y Brasil, todos países que son grandes consumidores de energía, que crecen muy rápido, y necesitamos comprometerlos en el debate sobre el cambio de clima. Ellos, naturalmente, no quieren ver impedido su crecimiento. Tiene que haber un diálogo. Creo que la estadística demuestra que, de seguir el nivel de crecimiento de uso de automóviles en China, para 2030 tendrán tantos coches como EE.UU. Las grandes empresas están buscando combustibles más limpios. El proceso de “secuestro” de anhídrido carbónico ya está en desarrollo para evitar que vaya a la atmósfera. Hay grandes incentivos para buscar aceleradamente hallar una solución. En Japón, Toyota está produciendo coches híbridos, que usan baterías en zonas urbanas y fuera de las ciudades usan combustible líquido. Ya se divisan grandes oportunidades empresarias y financieras en lo que es cambio de clima. Las áreas más obvias son el uso de energía solar y viento, y hay que considerar varias otras salidas. Los que critican, ven el enorme costo del accionar contra los cambios de clima, y se quedan en eso. Alemania es hoy líder mundial en su énfasis en el uso de energía reciclable y ya ofrece grandes negocios. Los beneficios del cambio para el mundo desarrollado ya están a la vista. Una aseguradora suiza ha calculado que a niveles actuales las empresas de seguros tendrán que desembolsar millones de toda denominación para compensar a propietarios de casas si sufren inundación u otros daños. Todo esto requiere atención y el costo de no actuar será enorme, mucho mayor, creo, que el costo de actuar ya. Pensemos tan sólo en las miles y millones de personas que tendrán que ser evacuadas por el crecimiento del nivel del mar, en los países en desarrollo especialmente, y el costo para una economía será enorme.
–Usted también tiene responsabilidad en el campo de derechos humanos, ¿qué puede lograr en un viaje tan breve como éste?
–Sí, soy responsable del área derechos humanos, democracia y desarrollo sustentable, además de cambio climático y energía, en todos los casos en sus aspectos diplomáticos. Es más, también soy responsable de nuestro Fondo Global de Oportunidades, que es una fuente de financiación para pequeños emprendimientos de investigación y política. Por lo tanto cuando hago este tipo de visita es siempre muy útil como fuente de información poder conversar con los funcionarios de relaciones exteriores en lugares donde tenemos negociaciones internacionales. Aquí en Buenos Aires tenemos conversaciones sobre derechos humanos. En Naciones Unidas la comisión de derechos humanos que acaba de reunirse en Ginebra nos vio a argentinos y británicos colaborando de cerca en dos resoluciones, una sobre la verdad, y la otra sobre empresas trasnacionales y derechos humanos. De ello surge que en materia de derechos humanos es muy útil seguir las conversaciones sobre puntos específicos sobre los que comenzamos a trabajar. También en el contexto más amplio de los mecanismos de derechos humanos en la ONU compartimos con la Argentina ciertos valores, y también compartimos percepciones en torno de algunos problemas y creemos que deben ser considerados para mejorar situaciones. En la agenda de derechos humanos en Naciones Unidas hay un tema mayúsculo que es la reforma de los mecanismos de tratamiento que ha propuesto el secretario general Kofi Annan. Por todo esto es importante conocer otras opiniones. Nosotros no hemos fijado política en relación con las reformas, buscamos consultar a otros, y es muy útil. He conversado en la Cancillería argentina con el consejero Federico Beltrán Villegas, el experto en derechos humanos.
–El Reino Unido, con parte de la Unión Europea, votó por la resolución de Estados Unidos sobre Cuba en la reunión de Ginebra. La Argentina se abstuvo.
–Y sí, no vamos a estar siempre en la misma onda que la Argentina, pero compartimos otras posiciones. La Argentina es miembro del G-77, nosotros somos miembros de la Unión Europea, y es de beneficio para todos esa consulta entre bloques en la diplomacia internacional. Por ejemplo, nos pareció muy interesante el plan del ministro de Justicia, Horacio Rosatti, para un proyecto de ley contra la discriminación, de la que no teníamos información. También me reuní con el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y el subsecretario, Atilio Savino, y en cada reunión fue interesante comparar actitudes y conocer nueva información.
–Aparte del hecho de que como diplomática usted tiene que ser muy cuidadosa cuando habla de las diferentes políticas de derechos humanos, ¿cómo se encaran las muchas veces muy diferentes actitudes hacia la plena vigencia de los derechos humanos?
–No puedo conocer profundamente la situación doméstica de cada país. Pero, tomemos la Argentina, por ejemplo, y la impresión que recibí en mis conversaciones con los señores Duhalde y Rosatti es que en la Argentina de hoy hay un claro compromiso con los derechos humanos. Tuvimos una conversación muy amplia y franca. Si surge de su pregunta que muchos piensan que el Reino Unido no es perfecto en el tema de derechos humanos, así es. No lo dudo. Hay cosas que nos salen mal en nuestro sistema, y de la misma forma los dos ministros con los que me he reunido en Buenos Aires han sido muy claros en torno de algunos de los problemas que enfrenta la Argentina. Por ejemplo, conversamos bastante sobre cárceles, el hacinamiento, el problema de tener una población carcelaria muy alta sin sentencia, qué es lo que provoca esta situación y cómo se trata. También hablamos de actitudes públicas hacia la inseguridad, frente al crimen y castigo. Por lo tanto hay acuerdo en la percepción de los temas problemáticos. También hay que ver que, en otros países, hay legislación en torno de derechos humanos, y está la aplicación, lo que ocurre en las cárceles, en las comisarías y en los juzgados, y en todo país donde hay un mínimo de compromiso con los derechos se hallan los mismos desafíos en los que hay que asegurarse que la teoría y la práctica se relacionen. Esto involucra entrenamiento, selección de personal, buen gerenciamiento, y un cúmulo de aspectos que son comunes a todos porque, si bien tenemos diferentes culturas y diferentes historias, hay temas fundamentales en torno de los derechos humanos que enfrentamos todos. Y cada país puede aprender mucho de las experiencias ajenas. Un ejemplo concreto es el trabajo que hacemos en Rusia. De ahí hemos traído funcionarios guardiacárceles para ver cómo funcionamos en el Reino Unido, y hemos enviado gente de Gran Bretaña a Rusia. Todos pueden aprender algo. En la Argentina, específicamente, veo un compromiso con los derechos humanos y que hay problemas de implementación. Es igual que en mi país, si bien pueden cambiar las áreas o la magnitud.
–El gobierno laborista propuso una ley contra la discriminación religiosa que fue severamente criticada como una argucia electoral para atraer el voto musulmán. Se presta a abusos de interpretación e implementación.
–Primero, confieso que no conozco en detalle el proyecto porque a mí me corresponde el campo internacional y no la política doméstica. Pero hay puntos importantes. La legislación británica actual protege a las comunidades étnicas pero no a las religiones, por lo tanto el hacer un comentario peyorativo contra indios, afrocaribeños, o judíos, es cometer un acto ilegal. No se ofrece protección parecida a las religiones. Eso permite que gente racista pueda ofender al islamismo sin ser punible bajo la ley contra la discriminación. La ley propuesta ahora no es nueva, y es un proyecto controvertido. Seguramente al pasar por el Parlamento habrá enmiendas para lograr que una ley proteja a las religiones contra expresiones odiosas pero también proteja la libertad de expresión. Tenemos que poder aceptar que un cómico pueda decir un chiste en torno de las religiones. Hay que establecer un equilibrio.
–¿Qué otros temas la traen a la Argentina?
–Tenemos un fondo de apoyo para proyectos de organizaciones no gubernamentales y en este año tiene un presupuesto para la Argentina de 1,65 millón de dólares. Son subsidios pequeños para estudios de campo y otras actividades, y se han otorgado fondos para un programa judicial para proteger a los derechos humanos en una democracia moderna, por ejemplo. Hemos canalizado fondos al CELS y a Poder Ciudadano, entre otros. Ayudamos en la financiación de seminarios, o entrenamiento, o investigación. La impresión es que hay buenas ONG en la Argentina. También nos interesa promover trabajo en torno de gobierno y transparencia, y en la procuración, formar para evitar que los contratos públicos vayan a los amigos, por ejemplo. También hay un proyecto para afianzar el imperio de la ley en la Patagonia, mediante al apoyo a la propuesta de tres legisladores. Son proyectos pequeños que pueden ser importantes.
–¿Se puede, o se debe, trazar una línea de unión entre la política de derechos humanos y el cambio climático?
–Hay una relación muy importante. La gente debe participar lo máximo posible en las decisiones que afectan al medio ambiente. Por eso, primero, hay necesidad de acceso a la información, acceso a las decisiones que se toman a nivel gobierno, y un sistema judicial que permita a la gente ver que hay justicia en el contexto ambiental, que no debiera ser diferente a pedir justicia cuando se comete un crimen. Hay necesidad de decisiones que no sean corruptas, de juzgados eficientes, jueces bien preparados y un proceso de participación donde todos saben lo que está ocurriendo. Por lo tanto debe haber mucha conexión entre derechos humanos y preocupaciones ecológicas.

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